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naufragio a dúo
es posible, Stéphane, que
un golpe de dados
jamás
ni aunque se lance en
circunstancias eternas
desde el fondo de un naufragio
abolirá
el azar
es posible, dado que hay infinito
que un veneno te salve
o un naufragio
te arroje
en tierra firme
es posible
pero
más allá de la cabeza inútil
sólo un golpe de dados
disuelve
la realidad grumosa
halla el canal del río
suspende la emisión del pensamiento
que la encuentre o la roce
siembra umbrales o embriones
de escritura
que fluye se abre en delta
hunde el remo
en la cifra
en el barro del fondo
arrojando la jugada implacable
en terciopelo ajado
una constelación
subvierte
su luna temblorosa
su dejarse mojar por las palabras
su sonámbulo andar sobre mis sueños
su torsión de sirena
mueve el mundo
con la fuerza
del peso de
la pluma
mientras el casco
de una embarcación
inclinada de un costado al otro
deriva escora
la dama de la noche insomne
evaporada en brumas
renunciando al vacío de la matriz
esgrime
la razón del relámpago
la urgencia del encuentro
el golpe
el ala
el vuelo
la partida
que impone
una frontera al infinito
cubre
el Abismo
de esta conflagración
locura
sin navío
dios o demonio inmemorial
nacido
de un juego
de un retazo
sumerge todo escollo lleva la calma al mar
con sus profundidades promisorias
con sus silentes simas
con sus algas
en tanto
es posible
que empuñando el timón
del horizonte unánime
el azar continúe
esforzándose
afuera.
Naufragio, Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2005.
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